Crítica de disco: IDLES - Joy as an Act of Resistance. Katy Perry, el no hardcore y el no punk rock.

Joy as an Act of Resistance es el segundo álbum de estudio de los británicos IDLES, que llegó el 31 de agosto de 2018 de manos de la discográfica independiente Partisan Records. En retrospectiva, tras casi un año de su lanzamiento, se puede considerar un disco de gran impacto en el mundo del rock y el punk del panorama internacional: alrededor de IDLES parece haberse formulado un cierto caldo de cultivo particular de ese gran abismo de géneros del post-punk, con un carácter único. El hecho de presentar un segundo disco tan solo un año después del lanzamiento de su primer álbum de estudio, Brutalism, deja ver una cierta solidez en la trayectoria de IDLES. La banda de Bristol ha ido configurando su sonido desde su nacimiento en 2012 dejándose escuchar en algunos singles y EPs, pero tal vez no haya sido hasta este momento cuando los británicos se han planteado...
                                    IDLES acicalándose. Arriba: de izq. a drcha., Jon Beavis, Mark Bowen, Joe Talbot;
                                                                       Abajo: de izq. a drcha., Adam Devonshire, Lee Kiernan


... una identidad totalmente reconocible en su sonido, estética y letras. Esto podría ser, en parte, debido a que se trata de un segundo disco, que puede abrir algunas expectativas y despedir otras. En cualquier caso, y casi como regla inquebrantable de muchas bandas en la historia, se han convertido en un grupo complejo de etiquetar. Otro tópico es decir que la propia banda rechaza etiquetas, comenzando por la de hardcore punk, post-punk, punk rock… o, directamente, la de punk. A veces, y quizá especialmente para quienes manejamos terminología de estilos musicales continuamente, el hecho de que músicxs rechacen una etiqueta o se irriten ante ella es anecdótico o solo nos sirve para retratar algún tipo de personalidad excéntrica. Hacer una crítica musical es ciertamente complicado fuera de estas terminologías y el peso titánico de la industria musical puede hacerla todavía más confusa e incomprensible de no usarlos. Pueden ser, por otra parte, útiles para abrir nuevos enfoques. Pero al menos, comentar de nuevo esto en voz alta tal vez sirva como un pequeño zumbido en el debate eterno de si encasillar a una banda en un panorama u otro o, al menos, una voz molesta para desenterrar connotaciones implícitas o dar validez a la palabra de una banda, para que no se la banalice o infantilice. Pero bueno, en medio de esta rallada llegan IDLES, usando joy as an act of resistance (“diversión como un acto de resistencia”). 

Utilizar la resistencia es curiosamente una idea muy cercana al concepto de hardcore y puede remitir directamente al mundo del punk. Y en lo que se refiere al estilo general del disco, resulta bastante preciso jugar con la ambigüedad. El acto de resistencia de IDLES o su "desfile", como ellos lo denominaron, arranca con unos toques de baqueta y los acordes graves y distorsionados que introducen "Colossus", el primer tema del álbum que va creciendo muy paulatinamente siguiendo las pautas de la intensidad que marca su vocalista, Joe Talbot, quien repite obsesivamente “goes and it goes and it goes” (“se va, se va…”). Todo ocurre en medio de una especie de juego con una oración y la mención a la figura del padre como clave en el disco. Y entonces estalla en un punk festivo, bailable y enérgico que rompe absolutamente ese carácter mientras recita “no quiero ser tu hombre, no quiero ser tu hombre”.

Encontramos en el segundo álbum de la banda 12 pistas con sus sonoridades agresivas y la voz ronca y desgarrada de Talbot entonando metáforas de Star Wars y Harry Potter en un contexto que casi podría llamarse estilizado, y absolutamente asimilado con el resto de las referencias de sus letras. Así, incluso en este patinaje sobre hielo fino del “humor friki” encuentran el equilibrio perfecto entre la parte cómica y la crítica social y política. Y esto es en esencia “Danny Nedelko”, el tema que mayor acogida parece haber tenido en el álbum y que arranca imperturbable entre sonoridades disonantes y casi dark dentro del punk, pero absolutamente embebida en lo que inconscientemente remite a un punk rock de acordes limpios y de tonalidades mayores. Si hay algo que se puede asegurar es que las letras de IDLES y las incontables referencias a la cultura popular británica y mundial actual (incluyendo el Brexit, la inmigración, o el concepto de masculinidad) merecen una mención aparte y mucha más extensión en el análisis. Otras de ellas hacen referencias internas extremadamente concretas, descaradas y divertidas (“Gram Rock”, que incluye la frase “¡Diez puntos para Gryffindor!” en un contexto de funeral donde también habla de mantener sexo con un famoso estilista inglés). 

Pero si se decide tomar “Danny Nedelko” tan solo como una pequeña muestra, la aparente simplicidad de los versos adquiere tintes tan diversos como las detalladas capas de la música de IDLES. El nombre de la canción es el de un amigo cercano del vocalista, que simplemente aceptó la apuesta de usarlo en uno de sus temas, ahora con 3’5K de reproducciones en Spotify. Danny Nedelko es inmigrante en Inglaterra, y Talbot comienza a jugar con una oda a su mejor amigo asociándolo a distintos personajes famosos o influyentes en el país: Freddie Mercury, Mo Farah, el corredor olímpico de más éxito del país, o Malala Yousafzai, activista feminista pakistaní. “He is made of flesh, he is made of blood/ he is made of you, is made of me, unity!” (“está hecho de carne, de sangre, de ti y de mí, ¡unidad!”). Talbot se refiere a personajes queridos y valorados integrados en la identidad inglesa, todos ellos inmigrantes. Y como cura a la xenofobia, una cita de Yoda: “Fear leads to panic, panic leads to pain/ Pain leads to anger, anger leads to hate”. 

Como muestra de un menor interés en mantener una identidad claramente reconocible en un género, al menos, durante todo el disco, “June” es una canción lánguida e intensa que se decanta por sonoridades largas y un insistente marcaje de bombo. Una introducción de órgano delata el trasfondo de la letra, en la que Talbot canta a su hija, que tuvieron que abortar antes de nacer. Guste o no, o encaje o no en el feeling general del disco, para Talbot es llamativo cómo “la gente suele sentir una vergüenza extraña a la hora de mostrar su propio dolor [...] y yo quise hacerlo. Es una canción que escribí para mí y no creo que llegue a tocarla en público”.

Y así explota de nuevo “Samaritans”, casi como un anclaje en torno a la misma idea de un padre que sufre, pero esta vez en un tono totalmente diferente. No solo utiliza su propia reflexión sobre la masculinidad tóxica y el daño que causa, junto con una reivindicación del amor propio, sino que decide citar de forma rápidamente comprensible una famosa canción de Katy Perry. Entre un ritmo simple e insistente de batería que se mantiene de principio a fin como hilo conductor y los mismos riffs disonantes y casi desquiciados de guitarra eléctrica (Mark Bowen), Talbot hace solo una pequeña variación, de manera que acaba declarando “I kissed the boy and I liked it” antes de un estallido de todos los instrumentos a golpes insistentes de ritmo. Este recurso del ostinato en la percusión, que contrasta con la línea del disco, no es sino un homenaje musical a la contrapartida de la propia canción de la cantante pop, que casi llega a encajar en la tonalidad. Esta reflexión sobre la masculinidad tóxica o la homofobia es la tónica general del disco e identifica temas como “Never fight a man with a perm”, siempre en la línea de la crítica construida a base de referencias a la cultura popular.

Y todo, junto con los temas restantes, se engancha totalmente con la imagen del disco. Se advierte en IDLES, precisamente en su clave de humor, profundidad y madurez en letras y música, pero también en la configuración estética más visual. Dentro de una discográfica que carga con el apellido de indie -que tiene actualmente tanto con su acepción de independiente como la asociación de un estilo que nada tiene que ver con ese carácter-, IDLES opta por una imagen de portada que, si no se observa con detenimiento, bien podría parecer una simple pelea en algún tipo de local. Pero no es sino otro toque sutil pero significativo de la banda: es una boda en la que alguien parece haberse caído al suelo, pero está oculto por los invitados. El rótulo “JOY” aparece en una tipografía dorada brillante que remite a algún tipo de estética festiva (y algo hortera). 

Joy as an Act of Resistance. Boda anónima de 1968. 
Talbot la encontró en Instagram y se encariñó con ella.

La producción del disco está bastante cuidada y es muy posible que sea la causa de una rápida asociación al "sonido de IDLES”. Bajos vibrantes y distorsionados crujen  mientras las guitarras utilizan constantes reverberaciones y efectos de delay para conseguir unificar cualquier ruido producido (de forma claramente intencional) con la armonía y la melodía de la canción, cuyo resultado es, al final, el de una canción pegadiza y de ritmo casi siempre divertido y bailable (ejemplo de ello, “Television” o “GREAT”, ácida crítica al Brexit). No quieren un sonido dejado y sucio, o no en este disco: IDLES marca sus identidades y los rasgos con los que se les relacionará a partir de ahora. Los riffs, siempre disonantes pero estudiados, se integran también completamente en ello, de manera que la mezcla de ambientes genera una textura densa, estímulos de diversa índole que confluyen en un mismo mensaje, ya sea con letras cargadas de referencias claras o un simple love yourself! (“¡quiérete a ti mism@!”)







Bixler

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